Se me acerca taimada, zorra
de astuta como diría el juez.
Estirándose y bostezando.
La gula le ha hecho abandonar la cama,
que desde los primeros frescos,
la tiene secuestrada.
Una carpeta cae rompiendo el encanto,
no huye lejos sabiéndome desarmado.
Vuelve poniendo ojitos
a todas luces falsos.
¿Otra vez tienes hambre gorda?
La espeto yo como si entendiera
mientras apena el maullido
conoce bien la frecuencia.
Me levanto resignado
y ella triunfante se ocupa
de que no me distraiga por el camino.