martes, 1 de noviembre de 2011

Orda a mi gata gorda.

Se me acerca taimada, zorra
de astuta como diría el juez.
Estirándose y bostezando.
La gula le ha hecho abandonar la cama,
que desde los primeros frescos,
la tiene secuestrada.
Una carpeta cae rompiendo el encanto,
no huye lejos sabiéndome desarmado.
Vuelve poniendo ojitos
a todas luces falsos.
¿Otra vez tienes hambre gorda?
La espeto yo como si entendiera
mientras apena el maullido
conoce bien la frecuencia.
Me levanto resignado
y ella triunfante se ocupa
de que no me distraiga por el camino.

5 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Algo tienen los gatos que inspiran poemas. Mira al Sánchez-Drafgó, por ejemplo, el disgusto que se llevó cuando se murió su gata

Raúl dijo...

Se lo voya a recitar a la mía. Te lo prometo.

marialocaypeligrosa dijo...

Vuelve poniendo ojitos
a todas luces falsos.
Genial, estás hecho un poeta!

La sonrisa de Hiperión dijo...

Si es que los felinos siempre nos harán felices...

Saludos y un abrazo.

Alquimia Fullera-transitando dijo...

Son gatos...